Tanto el albañil como la albañilería son palabras que nos evoca inmediatamente con obras mayores como una casa, un puente, un edificio oficial. ¿ Y por qué no un rascacielos ? Se atribuye exclusivamente a arquitectos, aparejadores, dibujantes y calculistas. Suele atemorizar al bricoman acostumbrado al trabajo de la madera o a los esquemas minuciosos de electricidad. Y, en realidad, el trabajo de los albañiles no es muy complicado. Exige pocas herramientas básicas y unos conocimientos que podemos aprender gracias a los manuales de bricolaje de albañilería. No exige tanto detalle como la ebanistería o la pintura, pues es fácil enmendarla a medida que se realiza el trabajo o se incurre en algunos errores. Basta con que se intente construir uno mismo un pequeño tabique o realizar el embaldosado de una terraza. Se quedará uno sorprendido al ver lo que se avanza en el trabajo hasta llegar a conseguir la competencia casi de un profesional. Pero no se engañen, como en todas las profesiones el empleo de albañil también necesita un poco de práctica. Sobre todo de conocimientos de cómo usar las herramientas y las normativas de trabajo. Para que no tener mala fama como llaman al albañil gallego, que trabaja rápido pero no preciso.
Ser albañil

Pero antes de poner manos a la obra es preciso adquirir unos ciertos conocimientos: los de las clases de materiales, los morteros, los cementos y los enlucidos. También es muy importante conocer los ladrillos y saber escogerlos, así como las baldosas, azulejos, piedras y pizarras de las que se habrá de echar mano. Hay infinitas variedades de ellas y su selección debe realizarse en función de sus cualidades propias, así como de sus precios y de su fácil adquisición en la región en que nos encontremos. Como buen albañil es aconsejable sacar primero el dibujo de la obra que queremos realizar y sobre él, calcular los materiales que vamos a necesitar. Tanto para mezclas como piezas básicas.
Una obra de albañilería no se hace porque sí. En la mayoría de los casos deberá tener una duración a tener en cuenta y estará expuesta a la vista de los vecinos y de la gente de paso. Convendrá pues que la obra se integre al paisaje que le rodea. Para añadir algo al ambiente que nos rodea y que sea presente como nuestro trabajo en varias generaciones, es preciso respetar la ley de las comunidades.
Así nuestro trabajo como albañil será respetado y aportará buena imagen a la estética del edificio.