Al neófito, ser pintor le parece una profesión muy fácil; cree que es la más infantil de las empresas. En realidad, con ello evoca precisamente los pintarrajos y embadurnamientos de la infancia. Parece que no es preciso ser un gran maestro para aplicar esta técnica rudimentaria que todos llevamos dentro desde nuestra primera juventud. Sin embargo, la práctica es a menudo decepcionante.
Tenemos saber que el pintor de brocha gorda no es lo mismo que de brocha fina es decir un artista como los pintores impresionistas, pintores surrealistas, pintores cubistas, etc. En la historia sin embargo algunos artistas también pintaban las paredes, por supuesto de edificios más destacados, como ejemplo, Capilla Sixtina de Miquel Ángelo Bonarrotii en el Vaticano. Algunos tenían trabajo pintor oficial del corte del distinto país como por ejemplo el Goya de los reyes de España.

Sin precauciones, sin preparación y sin un mínimo de conocimientos, al aficionado le esperan muchas desilusiones. El papel se hincha, la pintura se despega o desconcha, los colores cambian, pierden su brillo y el yeso queda húmedo. Después de largas horas de un trabajo cansado, uno se encuentra ante una pared abigarrada, bajo un techo gris y húmedo y en medio de una habitación salpicada de manchas multicolores. Entonces se ve obligado a recurrir a un especialista, que necesitará tiempo para poner las cosas en orden. Para que no ocurre esto necesita un buen manual de bricolaje de la pintura un poco de práctica y sobre todo mucha confianza en sí mismo.
La pintura requiere tanta atención y conocimientos como la carpintería y más aún que la albañilería. No basta con tener afición a la decoración y sentido de los colores. Elegir una pintura exige conocer bien la naturaleza del soporte; para comprarla, es preciso calcular exactamente las cantidades necesarias; para aplicarla sin riesgo de error, es imprescindible saber manejar cierto número de útiles. Es muy importante saber manejar los herramientas que nos ayudan en la aplicación de la pintura tanta a mano como maquina. En fin, existen soluciones, trucos; sin duda bastante sencillos, que no hay que ignorar los, que nos ahorran no perder inútilmente mucho tiempo. Saber pintar no sólo le permitirá emprender sin miedo “grandes trabajos” en el campo del bricolaje como un buen bricoman o restaurar los muebles y objetos que necesitan una conservación periódica (muebles de jardín, postigos…). Podrá también aplicar a su gusto e imaginación las técnicas al servicio de la decoración en su hogar como el pintor casi profesional.