Tenemos el año nuevo encima, es más, mientras escribo este post ya hay varias ciudades alrededor del mundo que están viviendo las primeras horas del año 2008. Australia es una de las primeras ciudades en recibir el año nuevo entre canguros y fuegos artificiales. Los países del bloque asiático también gustan mucho de los fuegos artificiales para dejar atrás el año viejo y darle la bienvenida al año nuevo. Recuerdo la película protagonizada por Sean Connery y Catherine Zeta-Jones en las que ambos son expertos y afinados ladrones de obras de arte y justamente planean dar el gran golpe en el día de año nuevo. Si mal no recuerdo era una costosa máscara de colección la que pretendían robar y si la memoria no me falla, esta se encontraba en uno de los pisos de un edificio bastante alto en la ciudad de Indonesia. También recuerdo que ambos habían planeado el asalto por varias semanas, coordinando sus movimientos a la perfección, recreando los escenarios a los que se enfrentarían y las alarmas que tendrían que vulnerar en su llegada hasta el recinto donde se encontraba su preciado botín. Incluso tenían planificada su ruta de escape con la mayor tranquilidad. Lo destacado del asunto era que, justamente en aquel edificio, se daba una fiesta para recibir el año nuevo. Evidentemente la fiesta era a todo lujo con los hombres vistiendo de riguroso smoking y las mujeres con hermosos vestidos de noche y alucinados peinados, cada uno más costoso que otro. Catherine Zeta-Jones estaba más bella que de costumbre, enfundada en un vestido dorado ceñido al cuerpo, permitiendo ver las caderas por las que Michael Douglas enloqueció en la vida real. Nuestro viejo amigo Sean Connery vestía un traje negro implacable e impecable. Ambos llegaron del brazo destilando mucha seguridad y confianza. Era el último trabajo luego del cual se retirarían vivir en la opulencia. Pero no todo saldría como lo planeado.
En efecto, el elevado inmueble presentó una complicación a la hora de la huída y alguien se dio cuenta del engaño. Al ser descubiertos, la pareja de socios, tuvo que tomar caminos separados en su huida no sin antes atravesar una red de alambrado de luces navideñas gigantescas que por supuesto no pudo soportar el peso de ambos ladronzuelos. La red se vino abajo y nuestros protagonistas por poco y caen al abismo. A duras penas lograron sujetarse y Catherine Zeta-Jones tuvo que lanzarse en el único paracaídas que ambos traían, por su parte Sean Connery, misterioso como siempre, logró fugar sin mayores contratiempos y nadie sabe cómo. Luego de esto se encontrarían en la estación de tren de la ciudad y por supuesto el final feliz no tardaría en llegar. Tan memorable película me distrajo del tema que pensaba plantear en el presente post y que es la llegada del año nuevo. Bueno, aprovechemos para llamar la atención acerca del cuidado que debemos de tener en estas fiestas. Efectivamente, es una fecha propicia para el “trabajo” de los ladrones que para esto ya han tenido varios días de seguimiento y de reglaje en cuanto a los inmobiliarios que quedaran deshabitados en esta noche de celebración. Generalmente estos ladrones, especialistas en atracos en estas fechas, tienen gente que les brinda datos. Estos contactos pueden ser compañeros de nuestro trabajo que, sin quererlo, pueden convertirse en piezas fundamentales del robo. Pero generalmente los datos más fidedignos y más apreciados por estos ladrones vienen desde el interior mismo del inmobiliario y casi siempre son brindados por el servicio doméstico de la casa o por los trabajadores del hogar como choferes, jardineros, pintores, etc. Cuando el trabajador es de sexo masculino, lo más normal es que el dato sea directo, es decir, que éste se encuentre en complicidad con los cacos. En ese caso no hay nada que hacer, mejor dicho, uno ya debe haber tomado las precauciones con bastante antelación fijándose quién entra a trabajar en la casa, pidiendo referencias y antecedentes policiales a ser posible.
Pero el escenario predilecto por los ladrones de domicilios desocupados es en el cual el dato es obtenido sin que el informante en cuestión lo sepa. Y aquí el caso más común es el del servicio doméstico o de limpieza, tarea que casi siempre es desempeñada por mujeres, despistadas en un 95 por ciento de los casos, diría yo. En efecto, las sirvientas andan pensando en las musarañas y alegremente comentan y chismorrean en el mercado acerca de los planes de los patrones, de su vida personal, de sus cuentas bancarias, de los objetos de valor que hay en la casa y un largo etcétera que no viene al caso enlistar. Los ladrones al acecho son muy conscientes de este punto débil y haciendo mal uso de la inteligencia se afanan en enamorar a nuestras sirvientas. Efectivamente, es un trabajo paciente que empieza con semanas y hasta meses, según sea el caso, de anticipación. Durante ese período, ellos se ganan la confianza de ellas que incluso los llegan a introducir clandestinamente en la casa en alguna hora en que los dueños no están presentes. Es el escenario ideal para el ladrón que hace buen acopio de información acerca de la vulnerabilidad del inmueble objetivo. Se fija si hay alarmas, si hay perro, cuántas habitaciones hay, dónde está la caja fuerte o los objetos más valiosos y en general, anotan cualquier dato que les facilite el trabajo una vez llegado el momento.
Una vez completada esta fase de estudio, son pacientes y esperan el mejor momento para llevar a cabo su fechoría y, generalmente, ésta acontece en las fiestas de fin de año. En efecto, muchos de nosotros tenemos por costumbre irnos de fiesta para recibir el año y algunos de nosotros al regresar a casa, la encontramos casi vacía. Nunca me pasó directamente pero no puedo decir lo mismo de una pareja de amigos. De esto ya hace aproximadamente unos seis años y los últimos cuatro años hemos celebrado el fin de año en casa de ellos ya que a raíz de los que les pasó, son ellos los que organizan la fiesta de fin de año en su casa, de esta manera hacen imposible un nuevo robo en la misma. Para mi buena fortuna, mis amigos viven a sólo dos casas de la mía y desde su terraza puedo vigilar mi propio inmobiliario. ¡Feliz año para todos!