En la época en la que iba a la escuela, a diario pasaba por un terreno baldío en el que siempre había un montón de fierros y de ladrillos. Estaba cercado por unos alambres que tenían la misión de impedir el paso a cualquiera, pero en realidad no servían más que para alentar a los niños a tratar de meterse por algún espacio que no represente mucho peligro y por el que puedan caber tranquilamente para jugar adentro tal cual se tratara de un universo distinto lleno de nuevos juegos y de nuevas cosas por descubrir.
Cuando dejé de ir a la escuela, ya no pasé más por ese camino, y siempre me preguntaba qué sería de aquel terreno vacío. Hasta que un día después de haber terminado la universidad y haber conseguido un trabajo bastante estable, tuve la oportunidad de volver a ver ese espacio aún sin construir. Yo pensé que después de tantos años ya alguien habría comprado ese lote y lo habría convertido en una casa bastante grande, pues el espacio cercado por esos alambres era bastante amplio, como para contar también con un jardín que adorne toda la propiedad. Sin embargo, fue grande mi sorpresa cuando vi que nadie se había interesado en él y que aún seguía siendo ocupado por niños que jugaban dentro con la misma alegría con la que mis amigos y yo lo hacíamos hace tanto tiempo atrás.
Bueno, pensé entonces, esta era mi oportunidad. Contactaría con el vendedor de ese terreno y me dedicaría a construir mi casa. Algo que era ya necesario pues mi esposa y yo ya no queríamos seguir viviendo en la casa de ninguno de nuestros padres o tíos, y más bien queríamos empezar a formar nosotros mismo nuestro propio núcleo familiar. Y para ello era necesario que contáramos con una casa propia. Si bien podríamos haber escogido vivir en un apartamento, la seguridad de contar con algo propio para siempre nos agradaba mucho más, además siempre había sido mi sueño poder comprar ese terreno y vivir en esa zona tan cerca de donde yo pasaba los días de mi niñez.
Por ello cuando le comenté a mi esposa que ya había visto un lugar que podríamos comprar para empezar la construcción de nuestra futura casa, ella pensó exactamente en el lugar que yo tenía en mente. Eso sucedió porque le había comentado gran cantidad de veces que si alguna vez podía comprar ese terreno lo haría. Además la felicidad con la que se lo dije me había delatado. Bueno el tema central era que por fin podríamos conseguir un lugar para vivir. Aunque si bien es cierto, tendríamos que esperar algún tiempo todavía a que pase todo el proceso de trámite de la compra, y luego esperar que la construcción de la casa sea rápida, para que pudiéramos mudarnos lo más pronto posible a donde podría recordar mi pasado y también empezar a construir mi futuro con mi familia.
De esa manera, sólo quedaba esperar a que todo salga como lo había paneado desde que volví a divisar los alambres quebrados y los ladrillos regados por el suelo en ese terreno cercado. Ahora era sólo cuestión de tiempo para cumplir uno de mis sueños de toda la vida.