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La comodidad del hogar nos puede circunscribir a muchas imágenes. Por ejemplo, todos sueñan con tener una mansión en la que haya que movilizarse mecánicamente por el interior de la misma, impulsados por un pequeño automóvil. Hay otros que quisieran tener una enorme piscina dentro de casa y poder disfrutar de calurosas reuniones a su alrededor. Otros simplemente nos conformaríamos con tener una vista despejada desde nuestra habitación y no tener que ver ese impávido edificio en frente de nosotros todo el tiempo. Otras personas sólo ansían paz en el vecindario y no oír gritos o escándalos en las viviendas contiguas, pero ayer leí un comentario o noticia, como quieran tomarlo, que me dejó pensando en lo simple que puede resultar la comodidad dentro del hogar. Me refiero al comentario que hizo Victoria Beckham con respecto a su estilo de dormir, un comentario bastante picante por cierto. La Spice Girl, refirió que a ella le gusta dormir totalmente desnuda y que solamente en algunas ocasiones se enfunda en una prenda íntima. Como era de esperarse, esta noticia circula ahora por todo Internet con comentarios de diversa índole. La noticia se amplía con las declaraciones de Victoria Beckham acerca del por qué de su gusto por el nudismo nocturno. La modelo, refirió que le gusta sentir el cuerpo atlético de su esposo, el futbolista David Beckham. Con esa frase lo dijo todo y al parecer, el matrimonio Beckham tiene en el sexo su piedra angular.
Pero lo que me invitó a la reflexión, fue lo simple que puede resultar la palabra comodidad. En efecto, Victoria Beckham “desnudó” una gran verdad. Todos nos sentimos cómodos andando desnudos por todo el inmobiliario, sobre todo en época de verano en que el calor es tan insoportable que la gente se agolpa alrededor de las piletas en las plazas europeas en busca que refrescarse. Es común ver durante los veranos europeos, de un tiempo a esta parte, a la gente metiéndose a estas pielgas públicas sin importar que su ropa se moje, apenas y se quitan los zapatos antes de darse un chapuzón y, para ser francos, hace tanto calor que la ropa mojada se seca en cuestión de minutos. Pero al interior de nuestro hogar no siempre se puede efectuar esta maniobra. Primero habría que ver en compañía de quiénes vivimos. Si la persona únicamente vive con su pareja creo que no habría mayor impedimento para el nudismo hogareño, pero si más miembros comparten nuestro techo, otra sería la historia. En efecto, ya la privacidad no es la misma y tendría que circunscribirse a una habitación cerrada, generalmente la propia o en todo caso ver en qué horarios es factible la puesta en práctica de este cómodo recurso.
Pero la situación familiar no sería el único punto a considerar si se pretende andar desnudo por la casa, quizá lo más importante sea ver qué tantas miradas indiscretas tendremos alrededor. En efecto, debemos mirar desde todas las ventanas y estancias de nuestro inmueble a ver si descubrimos un foráneo punto de observación desde donde un vecino podría contemplar nuestra afición. Seguramente descubriremos que hay más e un punto de riesgo visual y abandonaremos nuestros propósitos o en todo caso, cubriremos esa zona con una tupida cortina. De todos modos existe el riesgo de una emergencia, como un terremoto o un incendio, que nos obligue a salir como estamos en ese momento. Y ahora, con todo esto en mente, ¿Andaría usted desnudo por su casa?
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Tenemos el año nuevo encima, es más, mientras escribo este post ya hay varias ciudades alrededor del mundo que están viviendo las primeras horas del año 2008. Australia es una de las primeras ciudades en recibir el año nuevo entre canguros y fuegos artificiales. Los países del bloque asiático también gustan mucho de los fuegos artificiales para dejar atrás el año viejo y darle la bienvenida al año nuevo. Recuerdo la película protagonizada por Sean Connery y Catherine Zeta-Jones en las que ambos son expertos y afinados ladrones de obras de arte y justamente planean dar el gran golpe en el día de año nuevo. Si mal no recuerdo era una costosa máscara de colección la que pretendían robar y si la memoria no me falla, esta se encontraba en uno de los pisos de un edificio bastante alto en la ciudad de Indonesia. También recuerdo que ambos habían planeado el asalto por varias semanas, coordinando sus movimientos a la perfección, recreando los escenarios a los que se enfrentarían y las alarmas que tendrían que vulnerar en su llegada hasta el recinto donde se encontraba su preciado botín. Incluso tenían planificada su ruta de escape con la mayor tranquilidad. Lo destacado del asunto era que, justamente en aquel edificio, se daba una fiesta para recibir el año nuevo. Evidentemente la fiesta era a todo lujo con los hombres vistiendo de riguroso smoking y las mujeres con hermosos vestidos de noche y alucinados peinados, cada uno más costoso que otro. Catherine Zeta-Jones estaba más bella que de costumbre, enfundada en un vestido dorado ceñido al cuerpo, permitiendo ver las caderas por las que Michael Douglas enloqueció en la vida real. Nuestro viejo amigo Sean Connery vestía un traje negro implacable e impecable. Ambos llegaron del brazo destilando mucha seguridad y confianza. Era el último trabajo luego del cual se retirarían vivir en la opulencia. Pero no todo saldría como lo planeado.
En efecto, el elevado inmueble presentó una complicación a la hora de la huída y alguien se dio cuenta del engaño. Al ser descubiertos, la pareja de socios, tuvo que tomar caminos separados en su huida no sin antes atravesar una red de alambrado de luces navideñas gigantescas que por supuesto no pudo soportar el peso de ambos ladronzuelos. La red se vino abajo y nuestros protagonistas por poco y caen al abismo. A duras penas lograron sujetarse y Catherine Zeta-Jones tuvo que lanzarse en el único paracaídas que ambos traían, por su parte Sean Connery, misterioso como siempre, logró fugar sin mayores contratiempos y nadie sabe cómo. Luego de esto se encontrarían en la estación de tren de la ciudad y por supuesto el final feliz no tardaría en llegar. Tan memorable película me distrajo del tema que pensaba plantear en el presente post y que es la llegada del año nuevo. Bueno, aprovechemos para llamar la atención acerca del cuidado que debemos de tener en estas fiestas. Efectivamente, es una fecha propicia para el “trabajo” de los ladrones que para esto ya han tenido varios días de seguimiento y de reglaje en cuanto a los inmobiliarios que quedaran deshabitados en esta noche de celebración. Generalmente estos ladrones, especialistas en atracos en estas fechas, tienen gente que les brinda datos. Estos contactos pueden ser compañeros de nuestro trabajo que, sin quererlo, pueden convertirse en piezas fundamentales del robo. Pero generalmente los datos más fidedignos y más apreciados por estos ladrones vienen desde el interior mismo del inmobiliario y casi siempre son brindados por el servicio doméstico de la casa o por los trabajadores del hogar como choferes, jardineros, pintores, etc. Cuando el trabajador es de sexo masculino, lo más normal es que el dato sea directo, es decir, que éste se encuentre en complicidad con los cacos. En ese caso no hay nada que hacer, mejor dicho, uno ya debe haber tomado las precauciones con bastante antelación fijándose quién entra a trabajar en la casa, pidiendo referencias y antecedentes policiales a ser posible.
Pero el escenario predilecto por los ladrones de domicilios desocupados es en el cual el dato es obtenido sin que el informante en cuestión lo sepa. Y aquí el caso más común es el del servicio doméstico o de limpieza, tarea que casi siempre es desempeñada por mujeres, despistadas en un 95 por ciento de los casos, diría yo. En efecto, las sirvientas andan pensando en las musarañas y alegremente comentan y chismorrean en el mercado acerca de los planes de los patrones, de su vida personal, de sus cuentas bancarias, de los objetos de valor que hay en la casa y un largo etcétera que no viene al caso enlistar. Los ladrones al acecho son muy conscientes de este punto débil y haciendo mal uso de la inteligencia se afanan en enamorar a nuestras sirvientas. Efectivamente, es un trabajo paciente que empieza con semanas y hasta meses, según sea el caso, de anticipación. Durante ese período, ellos se ganan la confianza de ellas que incluso los llegan a introducir clandestinamente en la casa en alguna hora en que los dueños no están presentes. Es el escenario ideal para el ladrón que hace buen acopio de información acerca de la vulnerabilidad del inmueble objetivo. Se fija si hay alarmas, si hay perro, cuántas habitaciones hay, dónde está la caja fuerte o los objetos más valiosos y en general, anotan cualquier dato que les facilite el trabajo una vez llegado el momento.
Una vez completada esta fase de estudio, son pacientes y esperan el mejor momento para llevar a cabo su fechoría y, generalmente, ésta acontece en las fiestas de fin de año. En efecto, muchos de nosotros tenemos por costumbre irnos de fiesta para recibir el año y algunos de nosotros al regresar a casa, la encontramos casi vacía. Nunca me pasó directamente pero no puedo decir lo mismo de una pareja de amigos. De esto ya hace aproximadamente unos seis años y los últimos cuatro años hemos celebrado el fin de año en casa de ellos ya que a raíz de los que les pasó, son ellos los que organizan la fiesta de fin de año en su casa, de esta manera hacen imposible un nuevo robo en la misma. Para mi buena fortuna, mis amigos viven a sólo dos casas de la mía y desde su terraza puedo vigilar mi propio inmobiliario. ¡Feliz año para todos!
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Si hay algo me molestan mucho en esta vida son las mudanzas. Las detesto. Me gusta cambiar de aires cada cierto tiempo, ando alquilando apartamentos en un promedio de cada seis meses por razones de trabajo, pero odio tener que desempacar todo. A veces pienso en la posibilidad de dejar todos e irme solo con lo puesto, cosa imposible en esta vida, solo sonrío perversamente imaginando el placer de no tener que perder hora y horas abriendo cajas y poniendo cosas por todos los lugares del apartamento de ocasión.
He tenido varias veces problemas con las agencias de mudanzas, se me han perdido cajas, me han llegado otras, muchas cosas se han roto o han sufrido abolladuras en su traslado, casi siempre me ha costado en todos los casos una buena suma de dinero. Recuerdo una vez, la primera que hice mudanza, demoré una semana ordenando todo y designándole una caja apropiada a cada objeto de la casa, desde las cosas de la cocina, hasta las cosas del baño. Vivía en una casa de dos pisos y la propiedad había sido vendida a unos familiares por cuestiones de comodidad, viviendo solo era mejor un apartamento y había gastado todas las tardes durante seis días seguidos empacando todo, votando cosas inservibles y tratando de llevar la cuenta de todo lo que el servicio de mudanza se llevaría.
Cuando los hombres de la mudanza llegaron abrieron todas las cajas que yo pacientemente había demorado horas en cerrar con cientos de metros de cinta adhesiva, debían llevar cuentas de casa cosa que les entregaba para, según ellos, no tener problemas a la hora de la entrega, luego empezaron la contabilidad de las cajas, las sugerencias para cambios de caja porque una era muy pequeña o muy grande o muy débil para el tipo de objeto que trasladaba y ellos no se responsabilizaban por los daños, era todo un desastre.
Después vino el momento del traslado, todas las cajas las guardaron en un camión inmenso, sin el más mínimo cuidado iban apilando las cajas como si en su interior guardaran cualquier cosa, la riña con esos hombres exigiéndoles que tengan mas cuidado solo me beneficiaba aumentándome la cólera. El resultado lo vería días después, cuando ya instalado en el apartamento nuevo, terminara de abrir todas las cajas y de encontrar tantos adornos y rotos y otras cosas que –en el peor de los casos- no encontraría.
Y quejarse no da resultados, siempre la mudanza sale con algo a su favor, solo queda sonreír y dedicarse a otras cosas luego de tanto cansancio. El hecho de cambiar de aires cada tiempo y de no vivir en la rutina misma de una s cuatro paredes conocidas de recorridas, hace valer vale la pena tan demandante esfuerzo.
Una verdadera odisea mudarse, más aún cuando el hígado te zapatea tanto por cuanto motivo se presenta para hacerte el trajín más intenso, los días de mudanza son verdaderos retos que debo vencer cada vez que cambio de casa o apartamento.
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Como mi apartamento está ubicado en los pisos más altos de un edificio, casi no siento nada de lo que pasa al ras del suelo en la ciudad. Me refiero a la bulla que se hace a cualquier hora y que estorba muchas veces para poder descansar tranquilamente. Yo mismo escogí ese inmueble para no tener que estar soportando todas las interrupciones urbanas que se dan constantemente y de las cuales estoy harto. De esa manera, pasaba mis días reposadamente en mi apartamento hasta que de repente una gran interrupción acabó con mi paz, y con la de todos los inquilinos del edificio en el que vivía, es decir mis vecinos.
Lo ocurrido, fue que justo muy cerca de mi vivienda se empezó a llevar a cabo la construcción de una casa. Bueno eso creía yo, cuando empecé a ver que llevaban materiales al terreno vacío que se encontraba tan solo a unas casas del edifico en el que vivía y que se empezaban a realizar las obras de construcción. Sin embargo veía muchas personas trabajando como para que se tratara tan sólo de una casa, y lamentablemente con el tiempo se confirmó mi hipótesis: no se trataba de la construcción de una casa simplemente, sino que se estaba realizando la edificación de un nuevo bloque de viviendas que sería semejante al edificio en el yo vivía, lo cual quería decir que la construcción duraría un buen tiempo, hasta que todo esté terminado y pudiera volver otra vez la paz.
Lo que más nos molestaba a todos era que ya nos habíamos acostumbrado relativamente a estar casi solos, es decir aislados del resto de la ciudad, al menos los inquilinos de los pisos que nos encontrábamos más arriba. Ello debido a que los sonidos de la ciudad no llegaban hasta nuestras casas, por lo cual nos manteníamos siempre en un ambiente sereno. Sin embargo, con esta nueva construcción muy cerca de nuestro edificio, el sonido producido por las máquinas de la construcción llegaba casi sin ninguna barrera a los apartamentos que habitábamos, y llegaba también a nuestros oídos haciendo que todo retumbara. Y lo más molestoso era que después de llegar del trabajo, seguían las obras por lo cual ya muchas personas optaban por ir a otros lugares y llegar a sus casas un par de horas más tarde cuando ya todo el trabajo del día en la construcción del nuevo edifico hubiera finalizado.
A pesar de que no nos agradaba para nada esa obra tuvimos que soportarla. Ni siquiera una delegación de inquilinos, que fue bien recibida y atendida por el encargado de ejecutar esa obra tuvo éxito. Tan sólo recibió unas disculpas y la promesa de que se trataría de hacer menos bulla, pero con los días nada cambio. No sé cuánto dure en promedio terminar una obra de ese tamaño, pero hay días en los que el sonido producido por las máquinas es casi nulo, aunque también hay días en los que es imposible tratar de descansar. Sólo espero que termine pronto este infierno, pues ni yo ni ninguno de los vecinos soportamos más esta situación. El habernos acostumbrado a la inexistencia de ruidos molestos nos chocó más ahora que nuestras vidas están plagadas de dichos sonidos, todo debido a la construcción de ese inmueble.
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El haber estudiado arquitectura significó para mi algo muy bueno, pues siempre me agradó esa carrera, y cuando llegó el momento de llevar a cabo mis estudios superiores pude alcanzar lo que había querido por mucho tiempo. Fue así que después de pasar por años de universidad, y de prácticas, que me dieran la experiencia suficiente, empecé a trabajar y de inmediato entré en el campo laboral que siempre me había gustado. Gracias a ello podía estar cerca en el proceso de la construcción de casas y edificios, que me encargaban diseñar.
Fue así como pasó el tiempo y hace unos meses, cuando estaba de lo más tranquilo en mi casa, gozando de una temporada de vacaciones, sonó el teléfono de mi casa. Era mi primo quien me estaba llamando, y quería que trabajara en un proyecto, es decir en la construcción de su nueva casa. O mejor dicho, reconstrucción, porque ya se había avanzado algo pero todo parecía un desastre. Lo que pasó fue que el había encargado a ciertas personas la construcción de su inmueble, pues iba a mudarse con su familia, y tenía planeado hacerlo antes de fin de año. Pero como iban las cosas eso era imposible. Bueno, el hecho es que él creía que todo estaba bastante normal respecto a los avances que se hacían en su futuro inmueble, cuando de repente, un día se acercó a supervisar como iban las cosas, y se dio cuenta de que lo que supuestamente habían avanzado, no era en realidad mucho. Ello pasó también por un poco de descuido de mi primo, ya que él se desentendió un poco de la construcción de la casa, sin embargo, también era culpa de los encargados, quienes le habían dicho que ya habían avanzado mucho, cuando en realidad eso no era cierto.
Además de ello descubrió que las paredes que ya estaban levantadas hasta la mitad, no parecían muy fuertes, por lo que empezó a dudar de la veracidad de los constructores, y de la capacidad que tenían estos para llevar a cabo de manera excelente su obra. Por ello, decidió que debía llamar a otra persona que se encargara de supervisar todo ello, y no tuvo otra idea que llamarme a mí. Si bien yo le dije que era arquitecto, y que me encargaba de cosas un poco distintas, también era cierto lo que me dijo él, que yo tenía conocimientos más específicos de la construcción de una casa que otros, por lo cual sería un gran favor si podía ayudarlo en esa ocasión.
Cuando me lo pidió así, ya no me quedó de otra. En realidad yo no deseaba encargarme de eso, pero era mi primo, y además estaba desesperado. Fue por ello que acepté al final. Y tuve que planear una nueva construcción, pues los planos tampoco estaban muy claros que digamos. Además tuve que supervisar paso por paso la construcción pues mi primo había perdido la confianza en los constructores. Y por culpa de ello, yo tenía que estar día y noche detrás de la construcción, velando porque salga bien. En todo caso, si cuando estudié arquitectura era justamente para encargarme de obras completas, entonces no me debería quejar, aunque esa tarea es bastante agotadora, era la que yo había buscado.
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Se hace camino al andar. Esa podría ser la frase que mejor describe a un hogar en formación, es decir cuando dos jóvenes se marchan del hogar de sus padres, cargados de muchas ilusiones y planes pero con la maleta de la experiencia totalmente vacía. Si ustedes son padres, entenderán lo que digo y si son padres jóvenes, con mayor razón. En mi caso, se puede decir que estoy pagando caro lo que le hice a mis padres en su respectivo momento. En efecto, me tocó salir de casa muy joven, a la edad de 17 años. Los problemas en la casa eran constantes, los permisos de salida estaban demasiado restringidos para mi gusto y además mi padre presionaba para estudiar la carrera de Derecho, algo que estaba visto que iba a fracasar. En este turbio contexto, decidí marcharme de la casa un buen día. Como dije, se hace camino al andar. Un amigo, mucho mayor que yo, me acogió en su casa, vivía sólo y no tuvo problemas en asilarme mientras buscaba un piso para mudarme. Por supuesto debí empezar a trabajar ni bien terminada la escuela, aún no tenía documento de identidad y sólo pude conseguir trabajo en un restaurante atendiendo las mesas. Logré juntar dinero para pagar los meses de adelanto y garantía de una pequeña habitación y al fin me mudé. Ahora dependía sólo de mi trabajo, había pasado varios meses desde la salida de mi hogar y ya tenía mi documento de identidad. Empecé a revisar el periódico todos los domingos y al poco tiempo me salió la oportunidad de trabajar en un casino. El trabajo era muy sacrificado y había que hacer turnos rotativos. El metabolismo sufría mucho ya que en una semana debías levantarte a las seis de la mañana y a la semana siguiente estabas a mitad de sueño a esas mismas horas. Sin embargo, el destino me echó una mano. Durante uno de los turnos, pude conocer a un empresario que pasaba largas horas en los casinos, según él sufría de insomnio –y de ludopatía agregaría yo-. En efecto, a las doce en punto de la madrugada ya estaba frente a las máquinas tragamonedas, calentando motores, pues su verdadera afición era el Póker clásico. Gracias a este señor pude acceder a un mejor trabajo. Me ofreció un cargo en su empresa, una inmobiliaria.
Ya en mi nuevo trabajo, fui aprendiendo el teje y maneje del negocio, el trato crudo con los corredores y sus mil triquiñuelas para tomar ventaja de los clientes sin que éstos ni la empresa se dieran cuenta, los contratos con los proveedores y la constante vigilancia al servicio de mudanza que teníamos bajo nuestra tutela. Pasaron diez años y me tocó tener hijos, para esto ya había formado mi propio hogar, metiéndome en un programa inmobiliario de mi propia empresa que me brindaba todas las facilidades para tener mi casa-apartamento propia. Era un sistema de alquiler venta pero con un precio especial que me permitía terminar de pagar la hipoteca en poco más de quince años y adjudicarme la propiedad. Ahora me faltaban poco menos de dos años para terminar de pagar la hipoteca y tenía la tranquilidad de que mi hijo mayor tendría un patrimonio en caso de alguna emergencia. Además había tomado un seguro de vida poniéndolo como único beneficiario en caso de muerte. Uno propone y Dios dispone. En efecto, mi hijo tenía otros planes y lo más dramático del caso es que nunca los reveló, ni siquiera los deslizó. Apenas cumplió 18 años de edad, nos anunció a boca de jarro que se marchaba de la casa. Grande fue nuestra sorpresa y obviamente le preguntamos de qué iba a vivir. En ese momento nos dijo que había juntado todo el dinero ahorrado en los últimos cuatro años en que había realizado trabajos eventuales, sobre todo durante las vacaciones escolares en que viajaba a trabajar al extranjero. Cuando le consultamos acerca del trabajo que iba a realizar, nos contó que gente de su misma empresa lo había contactado con un agente que contrataba personal para trabajar a bordo de cruceros. Eso no te garantiza nada en caso de emergencia le dijimos pero su decisión estaba tomada, no podíamos hacer nada. Mi hijo es un chico serio y de decisiones firmes y no nos quedó más remedio que apoyarlo en su proyecto.
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En la época en la que iba a la escuela, a diario pasaba por un terreno baldío en el que siempre había un montón de fierros y de ladrillos. Estaba cercado por unos alambres que tenían la misión de impedir el paso a cualquiera, pero en realidad no servían más que para alentar a los niños a tratar de meterse por algún espacio que no represente mucho peligro y por el que puedan caber tranquilamente para jugar adentro tal cual se tratara de un universo distinto lleno de nuevos juegos y de nuevas cosas por descubrir.
Cuando dejé de ir a la escuela, ya no pasé más por ese camino, y siempre me preguntaba qué sería de aquel terreno vacío. Hasta que un día después de haber terminado la universidad y haber conseguido un trabajo bastante estable, tuve la oportunidad de volver a ver ese espacio aún sin construir. Yo pensé que después de tantos años ya alguien habría comprado ese lote y lo habría convertido en una casa bastante grande, pues el espacio cercado por esos alambres era bastante amplio, como para contar también con un jardín que adorne toda la propiedad. Sin embargo, fue grande mi sorpresa cuando vi que nadie se había interesado en él y que aún seguía siendo ocupado por niños que jugaban dentro con la misma alegría con la que mis amigos y yo lo hacíamos hace tanto tiempo atrás.
Bueno, pensé entonces, esta era mi oportunidad. Contactaría con el vendedor de ese terreno y me dedicaría a construir mi casa. Algo que era ya necesario pues mi esposa y yo ya no queríamos seguir viviendo en la casa de ninguno de nuestros padres o tíos, y más bien queríamos empezar a formar nosotros mismo nuestro propio núcleo familiar. Y para ello era necesario que contáramos con una casa propia. Si bien podríamos haber escogido vivir en un apartamento, la seguridad de contar con algo propio para siempre nos agradaba mucho más, además siempre había sido mi sueño poder comprar ese terreno y vivir en esa zona tan cerca de donde yo pasaba los días de mi niñez.
Por ello cuando le comenté a mi esposa que ya había visto un lugar que podríamos comprar para empezar la construcción de nuestra futura casa, ella pensó exactamente en el lugar que yo tenía en mente. Eso sucedió porque le había comentado gran cantidad de veces que si alguna vez podía comprar ese terreno lo haría. Además la felicidad con la que se lo dije me había delatado. Bueno el tema central era que por fin podríamos conseguir un lugar para vivir. Aunque si bien es cierto, tendríamos que esperar algún tiempo todavía a que pase todo el proceso de trámite de la compra, y luego esperar que la construcción de la casa sea rápida, para que pudiéramos mudarnos lo más pronto posible a donde podría recordar mi pasado y también empezar a construir mi futuro con mi familia.
De esa manera, sólo quedaba esperar a que todo salga como lo había paneado desde que volví a divisar los alambres quebrados y los ladrillos regados por el suelo en ese terreno cercado. Ahora era sólo cuestión de tiempo para cumplir uno de mis sueños de toda la vida.
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Me invitaron hace unos días a una fiesta que iban a dar unos amigos por su aniversario de casados, y como justamente esa noche la tenía libre, asistí a su reunión. Ello, porque hacía varias semanas que no los veía, y además porque durante ese tiempo se habían mudado a una casa en la que había vivido anteriormente un tío de uno de ellos, y que se las había dejado como regalo justamente de su primer aniversario de bodas. Era un regalo en verdad bastante bueno. No cualquiera da como obsequio un inmueble, y no cualquiera recibe como obsequio un inmueble.
Vaya si habían tenido suerte ellos dos. Ya hace tiempo que iban buscando una casa para poder mudarse y no habían conseguido nada. Hasta habían pensado en la posibilidad de empezar la construcción de una casa que este hecha según sus necesidades particulares, pero no tenían el dinero suficiente como para llevar a cabo semejante acción, y sobre todo que tampoco deseaban embarcarse en una serie de préstamos que luego podrían conducirlos hacia pagos que tal vez no pudieran pagar en su totalidad en el futuro.
Fue así como pasaron varios meses tratando de hallar un lugar mejor que el apartamento que tenían en esos momentos, y que no significase un gran pago, pues no podrían solventarlo. Y aunque fracasaron en su búsqueda no todo fue tan mal como parecía. Un día después de tanto buscar sin lograr éxito alguno, el hermano del padre de mi amigo le ofreció su casa. Este pensó que le estaba invitando a pasar el día, pero cuando se dio cuenta de lo que en realidad se trataba no creyó lo que estaba oyendo. Su tío se iba a vivir al extranjero con sus hijos. Y la casa que tenía en España ya no la iba a usarla nadie de la familia, por lo que estaba totalmente disponible para su uso.
Claro que la idea le agradó de inmediato. Esa había sido la casa donde había jugado de pequeño cuando iba a visitar a sus primos. Y siempre había tenido gran afecto por sus tíos, así que ahora tomaba este regalo como una muestra más del cariño que se tenían. Además era una buena oportunidad para mantenerse estables, pues no les agradaba mucho las repetidas mudanzas que habían estado llevando a cabo de un apartamento a otro por las dificultades de pago y de ubicación que tenían.
Sea como sea, esta había sido una gran oportunidad de obtener algo distinto y muy favorable para ellos. Se sentían felices y así lo demostraron durante toda la fiesta. Gracias a eso, y a que nos reencontramos varios amigos pudimos pasar unos momentos muy agradables que nos sirvieron para olvidarnos del resto de cosas que eran parte de la rutina diaria y que pesaban en nuestras cabezas. Ellos nos condujeron por la casa, enseñándonos cada parte de ella. Y en verdad era bastante grande, parecía que había habido muchos niños antes, pues había varios cuartos pintados con motivos infantiles. Pero eso era ya parte del pasado de la casa, ahora ellos sólo pensaban en remodelar su nueva casa y en tener sus propios hijos para empezar otra etapa de su vida, que esperaban, durase mucho y con mucha tranquilidad.
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En los últimos días, la Ministra de Vivienda viene apareciendo constantemente en los medios de comunicación. Debido en gran parte a que se habla bastante sobre los planes inmobiliarias que se vienen desarrollando, o que se están planteando aún, para que puedan entrar pronto en ejecución. Desde que salió a la luz el plan de fomento a la emancipación y al alquiler de apartamentos, la ministra Carme Chacón ha figurado más en páginas web, diarios, y televisión.
Este ejemplo de la aparición constante de la ministra, viene de la mano con la gran atención que han causado sus proyectos. Todos diseñados para entrar con fuerza en el mercado de la inmobiliaria y cambiar con fuerza algunos caminos que se han torcido, como el alza de precios, el aumento de hipotecas, la falta de viviendas que se encuentran en el mercado a libre disposición de los compradores, y otros factores más que han venido convulsionando la inmobiliaria española, imposibilitando que las personas puedan rentar un apartamento, o comprar una casa, o aún más, animarse a construir una casa en un terreno propio.
Lo último de lo que se ha estado hablando es de la posibilidad de la expropiación de inmuebles vacíos. Una propuesta que ha ido creciendo en los oídos de la población cada vez más. Sin embargo, la misma ministra se ha encargado de desmentir dicha medida, ya que según ella, esta acción no se contempla en ninguno de los proyectos que se hayan llevado a cabo o que estén por entrar pronto en acción. Esta es una medida ante la cual las personas ya habían empezado a reclamar. Ello porque consideraban que sería una atropello a la persona y a la propiedad privada. Es decir se iba a tomar una medida que iba en contra de la libertad de las personas. Felizmente, no ha sido cierto que se vaya a tomar esa medida, pues de lo contrario se hubiese tenido que afrontar una situación en la que probablemente la última instancia de enfrentamiento hubiese sido la violencia. Eso es más que claro, no todos se hubieran tomado la molestia de ir ante un juez y tratar de arreglar el asunto de buenas maneras, más de uno se habría tomado este tema como algo personal y las agresiones incontroladas, que jamás faltan, no se hubieran hecho esperar mucho.
De esa manera, desde las primeras medidas que fueron propuestas, como por ejemplo dar los 210 euros para el alquiler, a los jóvenes entre los 22 y los 30 años, lo cual fue acogido con gran alegría por todos, hasta el rumor de que se iban a quitar las casas desocupadas a sus dueños, lo cual no fue tomado con la misma alegría, los proyectos del ministerio de vivienda han sido variados, pero sobre todo constantes. Ese interés por tratar de cambiar las situaciones adversas que se encuentran en la compra y venta de los inmuebles es el avance que ha marcado el trabajo último del ministerio de este sector. De seguir así el empeño con el que se trata de combatir en el mercado de inmuebles, tal vez, se pueda afrontar mejor los precios altos, con lo cual la población sería la beneficiada.
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Construir una casa constituye un proceso largo, en el cual siempre los implicados, es decir los dueños, tienen que seguir de cerca todos y cada uno de los pasos por los que se transcurre.
Primero hay que saber escoger el terreno en el cual se va a llevar a cabo la construcción del inmueble que nos acogerá en el futuro. Respecto a este punto hay que tomar en cuenta ciertas cosas sobre el terreno. En primer lugar, en lo que se refiere al terreno mismo, se debe tener algún tipo de asesoramiento para encontrar uno bueno, pues algunas partes de la tierra son propicias para la construcción de casas, mientras que otras, por contener en su suelo elementos no muy compactos, no son aconsejables para levantar algún tipo de inmueble.
Además, también hay que escoger el terreno de acuerdo a lo que haya alrededor. Si se trata de un proyecto de construcciones, entonces no nos molestará que la casa se construya rodeada de lotes vacíos, aún por vender, pero si se trata ya de una zona con bastante tiempo de haber sido habitada, y aún no hay muchas casas, y los alrededores no están muy bien cuidados, no sería conveniente tener ahí nuestra casa. Al menos, eso es lo que me parece a mí, aunque siempre hay personas que pueden discrepar con uno, sobre todo cuando se trata de un tema tan especial como el de la inmobiliaria, ya que la casa que tendremos nos costará mucho, y nos debe durar mucho tiempo.
Una vez pasada la etapa de elección del terreno, debemos tener en cuenta que para la construcción se debe contar con los mejores materiales que el bolsillo este disponible a pagar, lo cual ocurre también con los obreros que se encargarán de edificar la casa. Tal vez no vayamos a construir una mansión como la de Britney Spears, pero toda casa debe poder contar con una estructura lo bastante fuerte como para aguantar cualquier embate de la naturaleza, es decir un sismo (claro que de ser muy fuerte, ya no lo soportaría, y de hecho casi ninguna casa lo haría).
Ya luego de haber conseguido los materiales necesarios para empezar con el armado de lo que será nuestra casa, y también de contar con personas de experiencia en la construcción de casas, y en general de inmuebles, debemos esperar a que estos dos elementos cumplan su labor durante el tiempo que dure todo. Es así como se debe terminar este proceso: dándole tiempo para que se puedan llevar a cabo las cosas de la mejor manera posible, no apurando a los obreros, de manera que estos puedan laborar correctamente y no interrumpir u obviar alguno de los pasos o elementos necesarios en una construcción.
Como se puede ver, para la construcción de nuestro hogar es necesario que se tenga en cuenta varios aspectos que al inicio podrán parecernos tediosos, y que sin embargo debemos respetar de manera estricta para que todo lo hecho no se vaya al tacho y nosotros no tengamos que empezar todo de nuevo. Ahora, cuando tenga que construir su casa, ya sabe qué hacer: esperar a que se termine por completo.